P.S.O.E. SALADEPRENSA

lunes 8 de febrero de 2010

Una salida progresista a la crisis

La prensa de ayer domingo da buena cuenta de la situación límite que atraviesa el gobierno. Bueno, el gobierno, y en general, el país. Se habla abiertamente de la peor semana para el ejecutivo de Zapatero desde que llegara al poder en 2004. Por mencionar algunas de las peores noticias de esta semana: el paro sigue subiendo y parece no tener final esa pendiente; empieza a calar la idea en Europa de que después de Grecia viene España en la crisis de confianza para hacer frente a la deuda pública; se diluye como un azucarillo la idea de que la inversión pública y el crecimiento de la deuda creará empleo, las arcas públicas ya no dan más de si; los presupuestos del Estado se meten en el destructor de papeles; la bolsa ha tenido caídas inéditas desde 2008 y, por si todo ello fuera poco, han comenzado a emerger dentro del propio partido algunas voces críticas con la gestión de su presidente.

Se elaboran otra vez teorías contradictorias, según los distintos periódicos, sobre las causas y las formas de los giros de la política de José Luis Rodríguez Zapatero. El periódico El País hace una narración novelada de las semanas en las que el presidente descubrió la realidad de la economía que tiene dos aristas contradictorias: su capacidad para decidir siempre sólo y al margen de los miembros de su equipo y la facilidad con la que cambia de criterio girando sobre sí mismo. La Vanguardia informa de que Zapatero ha recurrido a los consejos de Miguel Boyer…

Sindicatos y empresarios se hacen una foto de urgencia, casi sin contenido, dando cuenta del pánico general: ya nadie, excepto el PP, se atreve a la frivolidad y se imponen las tesis de un gran acuerdo social, económico y político.

Por otro lado, las encuestas confirman el desgaste permanente del Gobierno, la falta de confianza de los ciudadanos tanto en el presidente como en el líder de la oposición. Por primera vez desde marzo de 2004 empieza a ser general la percepción de que el partido popular se acerca decididamente a la Moncloa, a pesar de que este partido se ha limitado a no hacer nada y de la circunstancia incomprensible de que la estimación de voto suba y el líder se hunda. ¿Cómo puede el gobierno romper esta inercia, aparentemente inevitable?

Empezando por el principio, hay que tranquilizar a los mercados, esa especie de “Allien” insaciable, manejado por mentes que crecen en la especulación hundiendo proyectos y sociedades que muestran debilidad en un mundo en el que sólo se respeta a los fuertes. El giro es tremendo: de los planes “E” para cambiar las aceras de toda España al ahorro de cincuenta mil millones de euros. El ministerio de Fomento, que era el buque estrella de la recuperación, con la mitad del presupuesto aprobado hace unos meses..

Si se consigue que las medidas anunciadas sobre pensiones y reforma laboral se concreten y tranquilicen los mercados, estarán sentadas las bases de una recuperación política con la condición de que en el horizonte se dibujen los primeros signos de recuperación económica. En la medida en que las cifras del paro comiencen a cambiar de dirección (algo sobre lo que todavía no hay certeza de que se vaya a producir en el medio plazo) la percepción de la actuación del gobierno mejorará entre los ciudadanos. Pero eso no bastará. ¿Tiene crédito este gobierno para hacer lo contrario de lo que ha predicado durante un año y medio? Suponiendo que los sindicatos apuntalen las medidas de recortes sociales efectivos –laborales y de jubilación- ese sacrificio colectivo, cambiar el esquema de la España triunfante por la España sacrificada, lo pueden hacer las mismas personas con la pretensión de que los ciudadanos le sigan?

La épica del sacrificio necesita grandeza. Necesita una percepción de unidad y también que todos los sectores van a aportar su porción. Los ciudadanos, de izquierdas o no, necesitan sentir que las cargas en la salida de esta difícil crisis son repartidas por igual entre todos los sectores de la sociedad. Quizá sería demasiado utópico pensar que quienes más sacrificios habrían de hacer serían precisamente aquellos que nos han llevado al colapso del sistema financiero, y por ende, a la crisis económica actual. Aquello de “siempre pagan los mismos” resulta particularmente dañino para la imagen del gobierno.

Por si hubiera duda de que los excesos que hemos conocido antes de la crisis no van a cambiar un ápice, véase la pensión de jubilación de la que se ha dotado el presidente del BBVA, Francisco González, cerca de 80 millones de euros, que lamentablemente no podrá cobrar hasta que cese en sus funciones. Mientras tanto, seguirá cobrando entorno a los 9 millones de euros anuales.

El gobierno necesita narrar una historia progresista de la salida de esta crisis. Si los sacrificios los van a hacer los trabajadores, los empresarios de grandes compañías y altos directivos habrán de hacer también alguna concesión. Si un sentido básico de la justicia no está presente en el discurso del gobierno, preparémonos para lo peor. Depende de Zapatero comenzar a dar la vuelta a esta sensación general que siempre pagan los mismos y de que no hemos aprendido nada de esta terrible crisis. Se trata de compaginar el realismo de la economía globalizada con el mensaje de que el sacrificio es para todos y que el reparto, en el futuro, no será igual que hasta ahora.

Carlos Carnicero es periodista y analista político

domingo 7 de febrero de 2010

Ideas ante la crisis económica

Esta crisis tiene una característica muy especial: casi nadie publica propuestas para solucionar los problemas. Todos los expertos se dedidan a explicar por qué estamos sufriendo lo que estamos sufriendo o se dedican a explicar lo tremendo de esta crisis. ¿Cuántos comentaristas o tertulianos os cuentan lo que ellos harían para que esta crisis económica se pudiera terminar? De verdad, decidme quién os ha impresionando en las ondas o en las teles por sus ideas para salir de la crisis. Me parece que se está pagando para criticar y que nadie paga nada por proponer soluciones.

No soy un economista, soy un empresario pequeño dedicado al mundo de la tecnología. Pero algo puedo aportar. Se me dice que, con la que está cayendo, no puedo hablar de suboficiales o de Escudos. No tienen razón esos que critican. España será un gran país si avanza al mismo tiempo en promover su economía, en solucionar el problema de los suboficales y en entender por qué su historia reciente es la que es.

No os engañeis: un país es un conjunto de problemas que uno a uno son clarísimos, pero que sumados son muy complicados y requieren debates.Eso pasa con esta crisis económica.

Intento aportar lo que se. Y pido que cada uno haga lo mismo; porque decir que llueve es muy fácil. Inventar el paraguas es otra cosa.

1º El problema más serio de la economía española es la falta de crédito. Propongo que el I.C.O. (Instituto de Crédito Ofical) compre a precio de mercado las Cajas o los bancos que estén es situación crítica. Con sus trabajadores, sus sucursales y el apoyo del Estado se puede crear una banca pública que aporte recursos a las pymes creadoras que hoy se asfixian. Lo han hecho nada más empezar la crisis los EEUU y el Reino Unido. En esto de las finanzas recomiendo a los que mandan que miren siempre a los anglosajones.

2º Los convenios colectivos seguirán siendo sectoriales; pero no fijarán los salarios de todas las empresas del sector. Los salarios de cada empresa se fijarán en relación a los resultados de cada empresa. Igual me dicen que, con esto, pierden poder los sindicatos y la patronal, pero mejorará la racionalidad y la eficiencia de nuestra economía.

3º Se aprobará un tercer Plan E tecnológico. Los Ayuntamientos podrán realizar inversiones sólo en proyectos tecnológicos, de telecomunicaciones, de medioambiente o de nuevas energías.

4º Los trenes de alta velocidad o las carretras se intentará que interesen a los inversores privados. En las carreteras, por ejemplo, se permitirá que no haya que construir en paralelo una carretera pública.

5º Las Embajadas de España estarán obligadas a advertir a las organizaciones empresariales sobre qué productos están siendo importados en gran volumen por el país donde están acreditados. Si no exportamos más allá de sol y playa no tendremos futuro.

6º Potenciación del “insourcing”: las pymes que inventan tienen que poder pactar con las grandes empresas que venden, que sus productos están en su red. El dinamismo de las pymes tiene que ser aceptado por las grandes empresas. Una gran empresa no es la que hace de todo, es la que vende de todo.

7º Reconversión del Ministerio de Defensa: no puede comprar armas que no sirvan para las guerras de los próximos tiempos. Hay que reconvertir los programas para que sólo compremos armas para combates contrainsurgencia (COIN).

8º Ya no somos un socio menor de China en algunos sectores. No hay que pedir a China que compre nuestros bonos hay que pedirle que invierta con nuestras empresas en I+D.

Oye, yo me mojo ¿hay alguien más por ahí, sea público o privado, que haga lo mismo?

Luis Solana es militante socialista y promotor de Nuevas Tecnologías

lunes 1 de febrero de 2010

Zapatero, una cuestión de credibilidad

Ser precursor requiere pagar un precio. Sobre todo frente a los irresponsables, los incondicionales y los fanáticos. No pretendo un certificado de visionario, pero al poco tiempo de llegar José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa empecé a apreciar algunos gestos derivados del ejercicio del poder que me producían aversión y desconfianza. En primer lugar, la manera personal de ejercer el poder, renunciando a la formación de equipos con los que compartir reflexiones contradictorias antes de tomar las decisiones que por ley le corresponden al presidente de Gobierno. De esa manera se promovieron los primeros errores estratégicos derivados, precisamente, de una falta de proyecto de esa naturaleza. Muchos arremetieron contra quienes teníamos un pensamiento crítico desde la izquierda hacia las formas de ejercer el poder del presidente socialista. En las páginas de ese mismo periódico, en los foros y también algunos articulistas, ejercían la incondicional hacia el líder argumentando que las críticas al proyecto de Zapatero favorecían a la derecha. Siempre pensé que era un argumento falso: lo que favorece a la derecha son los errores del poder, no el dar cuenta de ellos. Hoy, algunos de aquellos fanáticos han aterrizado. Escriben cosas muy duras de la forma de ejercer el poder de Zapatero y sobre el punto de deterioro al que ha llegado el Gobierno. Bienvenidos sean al club de la realidad.

Abrir la modificación de los estatutos de autonomía -comenzando por el catalán- fue una decisión voluntarista, sin anclajes en un proyecto de renovación de la Constitución y de los estatutos que tuviera como estación término una configuración final de una España estable, cuya conceptualización fuera aceptada por todos, y con un engranaje de coordinación también permanente entre las distintas comunidades del estado.

No hubo consenso, que fue el instrumento mágico de una transición acomodada a una cierta estabilidad política. Si el consenso se negaba como necesidad era porque el Partido Popular, sumido en las conspiraciones derivadas del 11-S, estaba en el monte, pero ese lugar también era contemplado con amabilidad por algunos sectores fundamentales del poder que entendían que la deriva autoritaria y ultraconservadora del PP favorecía la concentración de un voto útil.

El marketing en el que se soportaban los planes de Zapatero no aguanta una crisis económica. Se puede navegar a la deriva si el viento es constante, de popa, y la cifras económicas garantizan cualquier navegabilidad. Es cierto que se han hecho cosas importantes: la ley de igualdad, la de dependencia, la ampliación de la ley de interrupción del embarazo. Pero en el terreno socioeconómico, que es por lo que en el fondo se juzga un proyecto socialdemócrata, las medidas han sido más bien populistas. “Cheque bebé indiscriminado”, devolución de cuatrocientos euros. Ahora se empiezan a echar en falta esas reservas.

Obstinarse en propagar que aquí no pasaba nada, sacar pecho frente a las crisis de otros países lo único que ha hecho es hacernos más vulnerables. Ahora las cosas se ponen realmente complicadas. Las críticas internacionales no pueden ser acusadas de falta de fundamento. La credibilidad no se conquista con eslóganes.

Ahora los incondicionales están desaparecidos. Los que insultaban a quienes criticábamos con respeto y con lealtad están a punto de vociferar si no lo han hecho ya. Todavía el presidente no se anima a hablar claro: a decir que nos esperan épocas de grandes sacrificios que deben ser solidarios. Afirma una y otra vez que lo peor ha pasado. ¿Tiene crédito el presidente? Y, si no lo tiene, ¿cuál es la alternativa?

Carlos Carnicero es periodista y analista político

jueves 21 de enero de 2010

¿Por qué no sabes defender a Zapatero?

Ya me has contado que siempre has votado a Zapatero, pero que ahora no sabes cómo defender su labor política. Ya me has dicho que tus amigos empiezan a reírse de los discursos de Zapatero y hasta de su imagen. Ya me has insinuado que tus amigos empiezan a pensar que el ABC igual tiene razón. Ya se rumorea -incluso- que PÚBLICO está empezando a hacerte dudar. Muchacho, no lo dudes, defiende a Zapatero; vale la pena.

La fórmula más eficiente para demostrar que Zapatero es un fracaso no es dudar de su trabajo político, es empezar a fomentar sucesores.

Lo de los sucesores como rumor es la forma más eficiente para criticar a cualquier líder político, social o empresarial. La cosa no es decir que lo hace mal -que también- es que alguien lo podría hacer mejor.

Analicemos el caso de Zapatero. Se empezó diciendo que no quería presentarse a las elecciones del 2012 por su fracaso en economía. Costaba creérselo. Se continuó dejando caer que su familia no quería que siguiera en Moncloa. Tenía mal encaje político. Ahora se está llegando a lo más peligroso: dejar caer nombres de sucesores.
En el aíre estaba desde hace tiempo el nombre de Carme Chacón como nominada; pero eso no valía para la operación; se necesitaban nombres para mañana mismo. Y salieron.

Dos nombres se están utilizando para demostrar que Zapatero tiene ya sucesión: el de José Blanco y el de Alfredo P. Rubalcaba. Hábil, pero tan obvio que da pereza andar analizando este asunto.

Lo que hay que hacer es pensar por qué parece que no tenemos razones para defender a José Luis Rodríguez Zapatero.

Primero: porque Zapatero no es igual que Felipe González. Segundo: porque Zapatero fomenta la división entre los españoles. Las dos razones permiten defender a Zapatero si no te confunden desde las filas conservadoras.

Que Zapatero no es igual a González es una obviedad; pero que Zapatero está cumpliendo la misma misión que cumplió en su tiempo González conviene repetirlo.

Felipe González consiguió que la protección social fuera universal para todos los españoles. Felipe González realizó una reconversión industrial de costes atroces pero de consecuencias positivas que han durado hasta hoy.

Pero a Felipe González la derecha le atacó hasta niveles increíbles. La memoria es débil, pero el PP intentó que Felipe González terminara sus días en la cárcel. Ahora el PP dice que González sí que era bueno, comparado con Zapatero.

¿Por qué para la derecha, el asesino y ladrón González resulta un genio colocado al lado de Zapatero? Porque lo que hizo González lo podría haber hecho la derecha si llegaba el caso, pero lo que ha hecho Zapatero jamás lo podría haber hecho el PP. Con González se definieron servicios sociales que la derecha no puede criticar una vez puestos en marcha. Con González se pusieron en marcha reformas industriales que nadie en el PP puede hoy criticar. Con González se vivieron estrategias antiterroristas que jamás en su tiempo criticó el PP.

Zapatero no ha tocado los asuntos básicos de la racionalidad económica de este momento, pero sí ha puesto en cuestión los asuntos de costumbres que parecían intocables para la derecha española.

Hay que defender a Zapatero (si eres de verdad progresista) porque ha conseguido que hombres y mujeres sean iguales; porque ha conseguido que la mujer decida sobre su maternidad; porque ha conseguido que el sexo no es ni ventaja ni inconveniente; porque ha aceptado que España está compuesta por gentes distintas.
Y la derecha ha bramado como no lo hizo con González. A González querían mandarle a la cárcel, a Zapatero lo quieren mandar al olvido y a la repetición de sus años de mandato con la dirección del PP.

En la época de González los progresistas queríamos nacionalizar bancos, en la época de Zapatero los progresistas queremos nacionalizar iglesias.

Ayer creíamos que la economía dividía a la sociedad española, hoy creemos que las costumbres y las libertades son lo que diferencian a un conservador de un progresista.

Tenemos que ser capaces de defender esta segunda fase del socialismo modernizador de España: primero la economía, segundo las libertades y las costumbres. Muchacho, que no te engañen: Zapatero es igual de socialista que González pero cada uno en el día que le correspondía históricamente.

Luis Solana es militante socialista y promotor de nuevas tecnologías