La prensa de ayer domingo da buena cuenta de la situación límite que atraviesa el gobierno. Bueno, el gobierno, y en general, el país. Se habla abiertamente de la peor semana para el ejecutivo de Zapatero desde que llegara al poder en 2004. Por mencionar algunas de las peores noticias de esta semana: el paro sigue subiendo y parece no tener final esa pendiente; empieza a calar la idea en Europa de que después de Grecia viene España en la crisis de confianza para hacer frente a la deuda pública; se diluye como un azucarillo la idea de que la inversión pública y el crecimiento de la deuda creará empleo, las arcas públicas ya no dan más de si; los presupuestos del Estado se meten en el destructor de papeles; la bolsa ha tenido caídas inéditas desde 2008 y, por si todo ello fuera poco, han comenzado a emerger dentro del propio partido algunas voces críticas con la gestión de su presidente.
lunes 8 de febrero de 2010
Una salida progresista a la crisis
domingo 7 de febrero de 2010
Ideas ante la crisis económica
Esta crisis tiene una característica muy especial: casi nadie publica propuestas para solucionar los problemas. Todos los expertos se dedidan a explicar por qué estamos sufriendo lo que estamos sufriendo o se dedican a explicar lo tremendo de esta crisis. ¿Cuántos comentaristas o tertulianos os cuentan lo que ellos harían para que esta crisis económica se pudiera terminar? De verdad, decidme quién os ha impresionando en las ondas o en las teles por sus ideas para salir de la crisis. Me parece que se está pagando para criticar y que nadie paga nada por proponer soluciones.
lunes 1 de febrero de 2010
Zapatero, una cuestión de credibilidad
Ser precursor requiere pagar un precio. Sobre todo frente a los irresponsables, los incondicionales y los fanáticos. No pretendo un certificado de visionario, pero al poco tiempo de llegar José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa empecé a apreciar algunos gestos derivados del ejercicio del poder que me producían aversión y desconfianza. En primer lugar, la manera personal de ejercer el poder, renunciando a la formación de equipos con los que compartir reflexiones contradictorias antes de tomar las decisiones que por ley le corresponden al presidente de Gobierno. De esa manera se promovieron los primeros errores estratégicos derivados, precisamente, de una falta de proyecto de esa naturaleza. Muchos arremetieron contra quienes teníamos un pensamiento crítico desde la izquierda hacia las formas de ejercer el poder del presidente socialista. En las páginas de ese mismo periódico, en los foros y también algunos articulistas, ejercían la incondicional hacia el líder argumentando que las críticas al proyecto de Zapatero favorecían a la derecha. Siempre pensé que era un argumento falso: lo que favorece a la derecha son los errores del poder, no el dar cuenta de ellos. Hoy, algunos de aquellos fanáticos han aterrizado. Escriben cosas muy duras de la forma de ejercer el poder de Zapatero y sobre el punto de deterioro al que ha llegado el Gobierno. Bienvenidos sean al club de la realidad.
Abrir la modificación de los estatutos de autonomía -comenzando por el catalán- fue una decisión voluntarista, sin anclajes en un proyecto de renovación de la Constitución y de los estatutos que tuviera como estación término una configuración final de una España estable, cuya conceptualización fuera aceptada por todos, y con un engranaje de coordinación también permanente entre las distintas comunidades del estado.
jueves 21 de enero de 2010
¿Por qué no sabes defender a Zapatero?
Ya me has contado que siempre has votado a Zapatero, pero que ahora no sabes cómo defender su labor política. Ya me has dicho que tus amigos empiezan a reírse de los discursos de Zapatero y hasta de su imagen. Ya me has insinuado que tus amigos empiezan a pensar que el ABC igual tiene razón. Ya se rumorea -incluso- que PÚBLICO está empezando a hacerte dudar. Muchacho, no lo dudes, defiende a Zapatero; vale la pena.
La fórmula más eficiente para demostrar que Zapatero es un fracaso no es dudar de su trabajo político, es empezar a fomentar sucesores.
Lo de los sucesores como rumor es la forma más eficiente para criticar a cualquier líder político, social o empresarial. La cosa no es decir que lo hace mal -que también- es que alguien lo podría hacer mejor.
Analicemos el caso de Zapatero. Se empezó diciendo que no quería presentarse a las elecciones del 2012 por su fracaso en economía. Costaba creérselo. Se continuó dejando caer que su familia no quería que siguiera en Moncloa. Tenía mal encaje político. Ahora se está llegando a lo más peligroso: dejar caer nombres de sucesores.
En el aíre estaba desde hace tiempo el nombre de Carme Chacón como nominada; pero eso no valía para la operación; se necesitaban nombres para mañana mismo. Y salieron.
Dos nombres se están utilizando para demostrar que Zapatero tiene ya sucesión: el de José Blanco y el de Alfredo P. Rubalcaba. Hábil, pero tan obvio que da pereza andar analizando este asunto.
Lo que hay que hacer es pensar por qué parece que no tenemos razones para defender a José Luis Rodríguez Zapatero.
Primero: porque Zapatero no es igual que Felipe González. Segundo: porque Zapatero fomenta la división entre los españoles. Las dos razones permiten defender a Zapatero si no te confunden desde las filas conservadoras.
Que Zapatero no es igual a González es una obviedad; pero que Zapatero está cumpliendo la misma misión que cumplió en su tiempo González conviene repetirlo.
Felipe González consiguió que la protección social fuera universal para todos los españoles. Felipe González realizó una reconversión industrial de costes atroces pero de consecuencias positivas que han durado hasta hoy.
Pero a Felipe González la derecha le atacó hasta niveles increíbles. La memoria es débil, pero el PP intentó que Felipe González terminara sus días en la cárcel. Ahora el PP dice que González sí que era bueno, comparado con Zapatero.
¿Por qué para la derecha, el asesino y ladrón González resulta un genio colocado al lado de Zapatero? Porque lo que hizo González lo podría haber hecho la derecha si llegaba el caso, pero lo que ha hecho Zapatero jamás lo podría haber hecho el PP. Con González se definieron servicios sociales que la derecha no puede criticar una vez puestos en marcha. Con González se pusieron en marcha reformas industriales que nadie en el PP puede hoy criticar. Con González se vivieron estrategias antiterroristas que jamás en su tiempo criticó el PP.
Zapatero no ha tocado los asuntos básicos de la racionalidad económica de este momento, pero sí ha puesto en cuestión los asuntos de costumbres que parecían intocables para la derecha española.
Hay que defender a Zapatero (si eres de verdad progresista) porque ha conseguido que hombres y mujeres sean iguales; porque ha conseguido que la mujer decida sobre su maternidad; porque ha conseguido que el sexo no es ni ventaja ni inconveniente; porque ha aceptado que España está compuesta por gentes distintas.
Y la derecha ha bramado como no lo hizo con González. A González querían mandarle a la cárcel, a Zapatero lo quieren mandar al olvido y a la repetición de sus años de mandato con la dirección del PP.
En la época de González los progresistas queríamos nacionalizar bancos, en la época de Zapatero los progresistas queremos nacionalizar iglesias.
Ayer creíamos que la economía dividía a la sociedad española, hoy creemos que las costumbres y las libertades son lo que diferencian a un conservador de un progresista.
Tenemos que ser capaces de defender esta segunda fase del socialismo modernizador de España: primero la economía, segundo las libertades y las costumbres. Muchacho, que no te engañen: Zapatero es igual de socialista que González pero cada uno en el día que le correspondía históricamente.
Luis Solana es militante socialista y promotor de nuevas tecnologías